El anuncio del intendente de San Miguel de Tucumán respecto de que se propone impulsar una reforma y modernización del Mercado del Norte tuvo una rápida acogida en gran parte de la opinión pública. El jefe municipal hizo públicas estas intenciones, durante la inauguración de la última parte del “Centro Comercial a Cielo Abierto” y desde ese momento, una sucesión de reacciones de distintos actores sociales ha reactualizado el debate sobre una problemática que, a todas luces, figura entre las más importantes asignaturas pendientes de las gestiones de gobierno. Tras el compromiso público del intendente, los puesteros del Mercado del Norte -locatarios de diversos espacios interiores y exteriores destinados al comercio- reaccionaron con una rápida visita al Concejo Deliberante para entregar un proyecto de refacción del espacio comercial y para insistir en un largo reclamo: aguardan que en 2016 se concrete la puesta en valor de ese histórico inmueble ubicado en pleno centro de nuestra ciudad.

Habría que recordar que la relación entre los puesteros y el municipio no ha sido siempre virtuosa: entre 2008 y 2009, la municipalidad se había propuesto desalojarlos y llamar a una licitación para la construcción de un centro comercial. Hubo incluso la idea de la anterior administración de demolerlo para convertirlo en un centro comercial, iniciativa que generó airadas reacciones de los comerciantes que trabajan en los puestos, y hasta protestas callejeras.

Hubo una época en la que el Mercado del Norte fue uno de los espacios urbanos más emblemáticos de San Miguel de Tucumán, de gran trasiego y comercio por su localización céntrica y también por la variada oferta de alimentos e insumos que los puesteros ofrecían a los tucumanos: fue una virtual cita obligada para los miles de paseantes que recorrían esa zona. El actual edificio fue inaugurado en diciembre de 1939 (desde la mitad del siglo XIX hasta ese año fue conocido como el Mercado del Algarrobo), llegó a tener más de 10.000 metros cubiertos y despachaban sus ventas unos 150 locatarios activos. Como en otras ciudades importantes del mundo trascendió como una referencia patrimonial, histórica, de hábitos sociales y de tradición.

Pero con el paso del tiempo, el predio no fue convenientemente cuidado; quedó anticuado frente a la competencia que la propia actividad económica fue promoviendo, ha ido perdiendo calidad en la prestación de los servicios, soportó idas, venidas y errores de distintas administraciones, buena parte de su estructura no tuvo el mantenimiento adecuado y hasta colapsó, muchos puestos fueron cerrando ante una caída de las ventas y. al final, las nuevas prácticas de compras que impuso la modernidad le ha jugado otra mala pasada. Ahora, sobresale con una imagen dolorosa de deterioro y desaliento, acaso como una expresión de desidia y de falta de compromiso de gobiernos y de buena parte de la sociedad civil que -lamentablemente- también se registran frente a muchos otros espacios públicos que -como el Mercado- se han constituidos en bienes culturales que representan la idiosincracia y el acervo popular. Habría que esperar entonces, que el renovado interés de la municipalidad, de los locatarios y de otros actores sociales, se convierta en el esperado impulso público y privado de mayor gravitación y peso que permita reconstruir, jerarquizar y reactualizar al histórico Mercado del Norte, tanto desde el punto de vista edilicio como desde el comercial, para que vuelva a ser un orgullo del desarrollo de los tucumanos.